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viernes, 2 de diciembre de 2022

Mi madre murió entonces.
          Que yo debía haber gritado; que mis manos tendrían que haberse hecho pedazos estrujando sudesesperación. Así hubieras querido tú que fuera. ¿Pero acaso no era alegre aquella mañana? Por la puerta abierta entraba el aire, quebrando las guías de la yedra. En mis piernas comenzaba a crecer el vello entre las venas, y mis manos temblaban tibias al tocar mis senos. Los gorriones jugaban. En las lomas se mecían las espigas. Me dio lástima que ella ya no volviera a ver el juego del viento en los jazmines; que cerrara sus ojos a la luz de los días. ¿Pero por qué iba a llorar?

 Juan Rulfo: Pedro Páramo.

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