Aquel olor, indefinido pero fuerte, aparecía nada más entrar en el portal. Enésimas cenas baratas, repollo, filetes rusos, sopa de tomate, los zapatos colocados junto a la puerta, el polvo caliente de las bombillas, la nota penetrante del gas al arder, la atmósfera comprimida y condensada de unos pisos estrechos y atestados de pertenencias. Así olía la vida de la gente que permanece junta día y noche.
Andrzej Stasiuk: Grochów