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lunes, 4 de abril de 2022

 Como si representara una escena en mi honor con toda la sutilidad de una obra moralista del siglo XVI, una multitud se abrió paso con las uñas para subirse a un tren de cercanías. Todos los actores estaban allí: Destino y Realidad, y el vástago de esta última, Nueva Realidad, así como Pobreza y Hambre, Virtud y Maldad, Apatía y Corrupción.

El drama empezó cuando el tres, Realidad, entró en la estación. Estaba de bote en bote porque todos querían subirse a él: Virtud, Maldad, Apatía, Corrupción, todos. Alguno, probablemente Pobreza, dejó caer una bolsa de plástico con su almuerzo en medio del desorden por un codazo que le dio Destino. A continuación, Realidad dejó la estación rechinando y con gran estruendo metálico, dejando atrás a Nueva Realidad. Y alguien más, probablemente Hambre, recogió con toda naturalidad la bolsa del almuerzo de Pobreza, sacudió el polvo de un chapati que se se había caído de la bolsa pisoteada y siguió su camino. ¿Había en todo esto alguna lección para mí? ¿Que redujera mis expectativas y reacciones ante las cosas, que las redujera a las proporciones adecuadas?

Rohinton Mistry: Cuentos de Firozsha Baag (1987). Préstame tu luz.

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