—Hijo, qué poco hablas.
(Uno no habla demasiado cuando está temiendo que se le acaba el dinero para la pensión y teme los domingos en la pensión, los domingos sin dinero y sin novia. Sin una novia como Soledad. Pero, a pesar de todo, uno le pide el teléfono a Soledad y, como se hace siempre, lo apunta en el billete del Metro, dificultosamente, contra los vaivenes del metro, que va lanzado.)
Francisco Umbral: Travesía de Madrid (1966)