PAVANA GRAVE A UN SAUCE
La soledad es un domingo triste
cuando, sin ganas de vivir, cuelgo mis ojos
sobre las hojas lentas
que, en la ventana de mi pena, mecen
la melodía de una existencia vana
y el murmullo de un bosque que no escucho.
En el estío callado y agobiante
de la ciudad vacía, agosto
que seca hasta mis lágrimas, contemplo
este liviano movimiento dulce
del sauce abandonado. Jardinero
sería yo con las aguas de mis ojos
para este sauce que, cercano, apresa
la ternura que aún queda en este pecho
por la amargura roto. Miro y tiendo
mis manos al vacío. Bien quisiera
alcanzar su hojarasca, acariciando
su soledad inimitable. Solo,
porque su jardinero se ha ido lejos,
el sauce llora en esta tarde. Algo
de la naturaleza nos iguala. Un aire
que va, de mi ventana, al verde puño
de su copa doliente y levantada
contra la vida indiferente, ocupa
la extensa soledad vacía. Igual
que aquella eternidad que me distancia
de la mujer que amaba. Espacio
de desesperación que llena el mundo
con la deshabitada fronda de mis cantos.
Pobre sauce. Si vuelve el jardinero
con su promesa de existencia, un pájaro
tal vez desde tus ramas cantará
a la dulzura de la vida. Ahora,
vagan las horas de un domingo triste.
Y extiendo mi mirada al infinito
buscando entre los huecos de tus hojas
ese jirón de nube en que navega
la blanca eternidad de la que quise.
Rafael Soto Vergés: "Viento oscuro lejano", 1987
La soledad es un domingo triste
cuando, sin ganas de vivir, cuelgo mis ojos
sobre las hojas lentas
que, en la ventana de mi pena, mecen
la melodía de una existencia vana
y el murmullo de un bosque que no escucho.
En el estío callado y agobiante
de la ciudad vacía, agosto
que seca hasta mis lágrimas, contemplo
este liviano movimiento dulce
del sauce abandonado. Jardinero
sería yo con las aguas de mis ojos
para este sauce que, cercano, apresa
la ternura que aún queda en este pecho
por la amargura roto. Miro y tiendo
mis manos al vacío. Bien quisiera
alcanzar su hojarasca, acariciando
su soledad inimitable. Solo,
porque su jardinero se ha ido lejos,
el sauce llora en esta tarde. Algo
de la naturaleza nos iguala. Un aire
que va, de mi ventana, al verde puño
de su copa doliente y levantada
contra la vida indiferente, ocupa
la extensa soledad vacía. Igual
que aquella eternidad que me distancia
de la mujer que amaba. Espacio
de desesperación que llena el mundo
con la deshabitada fronda de mis cantos.
Pobre sauce. Si vuelve el jardinero
con su promesa de existencia, un pájaro
tal vez desde tus ramas cantará
a la dulzura de la vida. Ahora,
vagan las horas de un domingo triste.
Y extiendo mi mirada al infinito
buscando entre los huecos de tus hojas
ese jirón de nube en que navega
la blanca eternidad de la que quise.
Rafael Soto Vergés: "Viento oscuro lejano", 1987