Extraviada, ingenua, por caminos
que recorría por primera vez,
me dejé seducir como una niña
por aquella casita. Su tejado
de chocolate, sus paredes dulces
llenas de fresas, guindas y barquillos,
las ventanas de azúcar transparente
con los marcos de almendras y guirlache.
Con los ojos y el alma empalagados,
abandonada a aquel mundo de cuento,
abrí la puerat de vainilla y menta
sin mirar hacia arriba. Allí colagaba
un bonito cartel de caramelo:
"Dejad toda esperanza".
que recorría por primera vez,
me dejé seducir como una niña
por aquella casita. Su tejado
de chocolate, sus paredes dulces
llenas de fresas, guindas y barquillos,
las ventanas de azúcar transparente
con los marcos de almendras y guirlache.
Con los ojos y el alma empalagados,
abandonada a aquel mundo de cuento,
abrí la puerat de vainilla y menta
sin mirar hacia arriba. Allí colagaba
un bonito cartel de caramelo:
"Dejad toda esperanza".
Amalia Bautista: "La mujer de Lot y otros poemas" (1995)