No era la primera vez que pensaba que Chip Hartley no era precisamente el compañero ideal, y no sería la última. Lo más probable es que se quedase ahí sentado, sufriendo por su juguete roto, hasta la hora de acostarse; luego, enseguida, sería domingo, siempre el más tedioso de sus días juntos, y en cuanto empezase la semana el único atisbo de incertidumbre de la vida de Lucy se reduciría a no saber cuál de los dos telefonearía al otro primero.
Richard Yates: "Jóvenes corazones desolados"