(...) Hay recortes que duelen como una mutilación genital y recortes que se instalan en la conciencia sin verlos venir. El de las risas pertenece a la segunda categoría. Significa que un día sales de la comida dominical con los amigos, te quedas mirando a tu mujer y caes en la cuenta: Hoy no nos hemos reído. ¿De qué nos íbamos a reír?, dice ella. Es cierto, de qué nos íbamos a reír si los asuntos que han salido en la conversación eran más negros que la pez. Pero es que antes nos reíamos mucho, siempre encontrábamos algo que nos alegraba los postres y aliviaba el peso mortal de la tarde dominical. Las comidas dominicales se están transformando en funerales. Ahora bien ¿hubo un día, un momento, un instante concreto en que las risas se convirtieron en desrisas? No. La desrisa ha avanzado de forma traicionera, como la oscuridad. De súbito, es de noche.
Juan José Millás: "Risas y desrisas". El País, 9/11/2012