Los domingos son, per se, el mejor entorno para esas represiones. Porque los domingos, que tienen alguna cualidad que propende a la melancolía, parecen un tiempo pero son al fin un tránsito y un lugar. Un sitio para el divagar y la percepción brutal. Porque el abandono es eso: percepción y un tanto de tormento, y el tormento tampoco es otra cosa que exaltación de los sentidos, o sea, percepción. A más de uno habrán beatificado por atormentarse en domingo, seguro. Los domingos son sinapsis gigantescas.
Roberto Lardín: "La memoria de otro"
(prólogo al libro "Los domingos" de Mauro Entrialgo)