(...) en estos tiempos en que el animal humano es el ser menos protegido de la creación, (...), porque, desde siempre, el gran pecado ha sido destruir lo eterno (no se perdonan los pecados contra el Espíritu Santo), y lo eterno de nuestra sociedad materialista ya no es Dios, y, por tanto, el cuerpo humano no merece el respeto que se le guardaba cuando era considerado templo del Espíritu Santo, ahora el gran santuario de la divinidad es la naturaleza.
Rafael Chirbes: "En la orilla" (2013)