Me sentía tan seguro en aquella casa -y, por el contrario, tan inseguro en cualquier otra parte- que siempre experimentaba cierta aprensión cuando me subía al coche el domingo por la noche, cualquier domingo por la noche, y partía rumbo a la autopista, rumbo al lunes, hacia el apartamento grande o pequeño, la calle, el trabajo, el "terror del vagabundo", el mundo exterior. Una aprensión que se acrecentaría sobremanera tras aquella Navidad interminable -un domingo sin fin, un domingo al cuadrado o al cubo.
Martin Amis: "Experiencia"