El maestro maquinista sabía eso mejor que nadie: estaba convencido de que cuando el obrero dejara de sentir atracción por las máquinas, cuando el trabajo dejara de ser un desinteresado e inconsciente estado natural para convertirse exclusivamente en necesidad dineraria, llegaría el fin del mundo, o incluso algo peor.
Andrei Platónov: Chevengur