Ryokan regresó y le sorprendió.
—Es posible que hayas hecho un largo camino para visitarme —le dijo al merodeador— y no deberías regresar con las manos vacías. Por favor, toma mis ropas como regalo.
El ladrón se quedó perplejo, pero cogió las ropas y se escabulló.
Ryokan se quedó desnudo y contempló la luna.
—Pobre tipo —musitó—. Ojalá pudiera darle esa hermosa luna.
"101 cuentos zen", al cuidado de Nyogen Senzaki y Paul Reps