Jesús no tenía paz de espíritu. Era, igual que yo, un ser atormentado que únicamente soñaba con llevar una vida sentimental ortodoxa y bendecida, con tener una novia respetable a la que llevar a casa los domingos después de la sesión de cine. No le gustaba su propia vida, se avergonzaba de ella, y por eso había tramado un plan de salvación.
Luisgé Martín, "El amor del revés"