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domingo, 2 de abril de 2017

CUADERNO DEL DOMINGO

Domingo tras domingo, a veces con sus hijos y a veces solo (pero nunca con su mujer), José Molina compuso un repertorio de cielos bajos y montañas nevadas. Cuando más pequeño se volvía su mundo, con más decisión se echaba al monte los fines de semana. Desplazó sus silencios a lo más abierto y celeste que pudo encontrar, sin huir de la vida de tubo fluorescente que llevaba de lunes a viernes. Paseaba con una cámara réflex y un bastón, y durante años retrató árboles, parideras en ruinas, rocas asomadas al vacío, lagunas cubiertas de nieve como tartas de nata helada y siluetas emborronadas de montañas.

Sergio del Molino: Lo que a nadie le importa.

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