Un domingo por la mañana, cuando el calor aún no agobiaba pero la luz de la playa ya era cegadora y las olas trazaban una línea de una blancura casi violenta, se sentaron en las dunas y se pusieron a leer el periódico, cada uno con un suplemento distinto, dejándose bañar por la luz y el sol. El agua estaba fría y había muy poca gente. Como en México,pensó Bowman, aunque nunca había estado allí. Era junio y ya había llegado el verano. Había bañistas, pero aún no habían aparecido las muchedumbres. Era una especie de exilio. Estaba leyendo lo que ocurría en el mundo. Cuando el sol estuviese encima de sus hombros se irían a comer a casa.
James Salter: "Todo lo que hay"