Escuchando este blues tomé la calle de arriba.
El barrio sonreía a la luz de otro otoño.
Al doblar la esquina vi el portal encendido.
Escuchando este blues entré sin avisar.
Estaban como siempre mis amigos de entonces:
pósters en las paredes, el viejo tocadiscos
y los labios de Marga y la ilusión y el vértigo.
Estaban todos juntos, escuchando este blues.
Intenté pronunciar entonces las palabras
capaces de cruzar el tiempo y rescatarme.
Pero no pudo ser.
Transparente a sus ojos,
estuve junto a ellos y a la vez en el cuarto
donde escucho este blues que escuchan mis amigos
a la luz de otro otoño feliz e inaccesible.
El barrio sonreía a la luz de otro otoño.
Al doblar la esquina vi el portal encendido.
Escuchando este blues entré sin avisar.
Estaban como siempre mis amigos de entonces:
pósters en las paredes, el viejo tocadiscos
y los labios de Marga y la ilusión y el vértigo.
Estaban todos juntos, escuchando este blues.
Intenté pronunciar entonces las palabras
capaces de cruzar el tiempo y rescatarme.
Pero no pudo ser.
Transparente a sus ojos,
estuve junto a ellos y a la vez en el cuarto
donde escucho este blues que escuchan mis amigos
a la luz de otro otoño feliz e inaccesible.
Eduardo García