El domingo
Parece que el domingo es cosa cierta
y que como un gran dueño pavorreal
visita nuestros campos.
A la calma diaria ha sucedido
hoy una calma augusta.
Más sol, más dulcedumbre,
más desgana, más soledad.
Hoy el ocio es completo:
ni siquiera los pájaros frecuentes.
Cada uno huelga y calla.
Y el pulso de la tierra al descubierto
nos da la postración de su pureza,
y su vitalidad.
¡Las tentaciones!
¡Qué sería del hombre si el domingo
no las pusiera todas como ninfas
ante nuestros deseos!
¡Hogar! ¡hogar!
Hay un aroma que nos lleva el alma
más allá del trabajo.
Unos duermen más firme, otros regresan
de madrugada. El perro los vigila
cual si fueran extraños.
todo ha sido posible en unas horas:
placer, aburrimiento, novedades,
y esto que es más:
sentir que cuando el hombre no trabaja
hay otra obligación ineludible
que pocos cumplen:
la de estar contento
sin hacer nada.
Parece que el domingo es cosa cierta
y que como un gran dueño pavorreal
visita nuestros campos.
A la calma diaria ha sucedido
hoy una calma augusta.
Más sol, más dulcedumbre,
más desgana, más soledad.
Hoy el ocio es completo:
ni siquiera los pájaros frecuentes.
Cada uno huelga y calla.
Y el pulso de la tierra al descubierto
nos da la postración de su pureza,
y su vitalidad.
¡Las tentaciones!
¡Qué sería del hombre si el domingo
no las pusiera todas como ninfas
ante nuestros deseos!
¡Hogar! ¡hogar!
Hay un aroma que nos lleva el alma
más allá del trabajo.
Unos duermen más firme, otros regresan
de madrugada. El perro los vigila
cual si fueran extraños.
todo ha sido posible en unas horas:
placer, aburrimiento, novedades,
y esto que es más:
sentir que cuando el hombre no trabaja
hay otra obligación ineludible
que pocos cumplen:
la de estar contento
sin hacer nada.
Juan Gil-Albert: "Migajas de pan nuestro", 1954.