(André Gide nos confiesa
su predisposición a la bohemia)
A la izquierda, la puerta. Como en una buhardilla
desciende oblicuo el techo. Delante, una ventana que
permite
divisar por encima de los tejados, La Facultad de
Medicina, el Barrio
Latino y más aún: la inmensidad,
que se pierde de vista,
calles grises, el sena y Nôtre-Dame a la puesta de sol
y, a lo lejos, Montmartre, reconocible
apenas en la bruma de una noche de insomnio.
Y soñamos, como estudiantes pobres, nuestra vida
en esta habitación, sin más fortuna
que las que nos procure vivir libres.
Encerrarse en el sueño de una obra
y no salir de aquí hasta terminarla.
A nuestros pies,
enfrente de la mesa,
nada más que París. Nominarlo y gritar:
Y ahora... ¡tú y yo!
Carlos Pardo: El Invernadero (1995)