Anochecer de otoño, niño leyendo y tú.
Niño tras los cristales, una tarde de lluvia,
y tú... Omnipresente, en cada cuadro
de este museo de la memoria,
como un fondo de nubes presentidas,
como una blanca sombra,
pudorosa, invisible, pero siempre
dominando la escena.
Adolescente insomne una noche de luna
y tú. Joven bebiendo
en la barra de un bar y tú...
Asomada
al tragaluz de mi retina,
jugando con mis cromos y mis puzzles,
pasándome las páginas de un libro,
soplándome algún verso en la honda noche,
poniendo un cigarrillo entre mis labios,
caminando a mi lado por calles bulliciosas
o por calles oscuras.
Insoportable, a veces.
Acogedora y dulce, otras.
Amorosa o terrible,
agria, muda o sonora, siempre tú,
inevitablemente
-dentro de mí- conmigo,
soledad.
Niño tras los cristales, una tarde de lluvia,
y tú... Omnipresente, en cada cuadro
de este museo de la memoria,
como un fondo de nubes presentidas,
como una blanca sombra,
pudorosa, invisible, pero siempre
dominando la escena.
Adolescente insomne una noche de luna
y tú. Joven bebiendo
en la barra de un bar y tú...
Asomada
al tragaluz de mi retina,
jugando con mis cromos y mis puzzles,
pasándome las páginas de un libro,
soplándome algún verso en la honda noche,
poniendo un cigarrillo entre mis labios,
caminando a mi lado por calles bulliciosas
o por calles oscuras.
Insoportable, a veces.
Acogedora y dulce, otras.
Amorosa o terrible,
agria, muda o sonora, siempre tú,
inevitablemente
-dentro de mí- conmigo,
soledad.
Javier Salvago: Volverlo a intentar, 1989