Los recuerdos vienen así, de pronto, a instalarse entre los ojos, cuando a uno no le pasa nada y son sólo los pies los que tienen que hacer su trabajo de ir uno tras de otro y el otro detrás del uno, sin preguntar nunca nada ni adónde ni porqué, que los pies del caminante no preguntan, no saben preguntar.
Francisco Umbral: Travesía de Madrid (1966)