Reconstruir un mundo desaparecido es siempre una manera de idealizarlo y, a la par, de destruirlo por segunda vez, puesto que lo sacamos de su contexto para plantarlo en otro y así fijarlo en la inmovilidad y el silencio, o bien le hacemos decir lo que nunca dijo o hizo.
Bonalem Sansal: El fin del mundo, 2084