Las calles están iluminadas, nuestra ciudad está limpia.
En Tercera Clase se reparten raciones grasientas; en
Primera
se apuesta fuerte. Los mendigos exiliados a la proa
nunca han visto
lo que se puede hacer en los camarotes. Nadie se
extraña
Los enamorados escriben cartas. Los atletas juegan a
la pelota.
Uno duda de la belleza de su mujer, otro de su virtud.
Un chico es ambicioso: a lo mejor el capitán nos odia a
todos.
A lo mejor alguien está llevando una vida civilizada.
Nuestra cultura occidental con toda su pompa avanza
despacio
sobre las llanuras yermas del mar. Más adelante, el
Oriente
infeccioso, con sus plumas y flores y sus ropas
extrañas.
En alguna parte, un futuro extraño y astuto se acuesta,
planeando una prueba para los hombres de Europa.
Nadie sabe
quién saldrá avergonzado, quién se enriquecerá ni
quién morirá.
En Tercera Clase se reparten raciones grasientas; en
Primera
se apuesta fuerte. Los mendigos exiliados a la proa
nunca han visto
lo que se puede hacer en los camarotes. Nadie se
extraña
Los enamorados escriben cartas. Los atletas juegan a
la pelota.
Uno duda de la belleza de su mujer, otro de su virtud.
Un chico es ambicioso: a lo mejor el capitán nos odia a
todos.
A lo mejor alguien está llevando una vida civilizada.
Nuestra cultura occidental con toda su pompa avanza
despacio
sobre las llanuras yermas del mar. Más adelante, el
Oriente
infeccioso, con sus plumas y flores y sus ropas
extrañas.
En alguna parte, un futuro extraño y astuto se acuesta,
planeando una prueba para los hombres de Europa.
Nadie sabe
quién saldrá avergonzado, quién se enriquecerá ni
quién morirá.
W.H. Auden: "Un viaje" (II, La nave)