(...) Para vivir plenamente necesitaba situaciones complicadas. Necesitaba la atmósfera de mentiras intrincadas, falsos ideales, salud aparente, firme podredumbre, fantasmas pintados de rojo, la atmósfera de los cementerios que tienen aspectos de salones de baile, o de fábricas, o de palacios, o de escuelas, o de salones. Necesitaba la cercanía de los rascacielos cuya desaparición se presiente, pero cuya existencia está asegurada por siglos.
Era un "hombre moderno".
Joseph Roth, "Fuga sin fin" (1924)