Era uno de esos domingos de mitad de verano en que todo el mundo
repite: "Ayer bebí demasiado". Lo susurraban los feligreses al salir de
la iglesia, se oía de labios del mismo párroco, mientras se despojaba
de la sotana en la sacristía, así como en los campos de golf y en las
pistas de tenis, y también en la reserva natural donde el jefe del grupo
Audubon sufría los efectos de una terrible resaca.
John Cheever: El nadador