Por mucho que leyera o pensara siempre quedaba un espacio vacío por el que, cual viento inquieto, pasaba el universo no descrito ni contado. Creía que la revolución era el fin del viejo mundo. En sus claros sentimientos estaba ya ese mundo nuevo: pero éste no se podía descubrir, sino que había que construirlo.
Andrei Platónov: Chevengur