Volver a casa un domingo después de haber hecho el amor con la Mujer Muerta era un modo de desolación oxidado y romo que sólo se podía soportar si se vivía en una desolación mucho mayor. La del fotógrafo aficionado que improvisa su cuarto oscuro en el baño y acumula paisajes de cordilleras con las que engaña a su esposa.
Sergio del Molino: Lo que a nadie le importa