sábado, 28 de julio de 2012

Marga Gil en la isla (1910-1032)

Es una tarde de verano. Tú hablas
de que las noches son extrañas en las islas.
Yo pienso de repente
-no sé por qué- en la casa de Marga Gil: la torre
cerca de la autopista y el desorden salvaje
del antiguo jardín abandonado.
Empiezo
a contarte esa historia,
la manera en que aún sigue dentro de mí
y tú dices:
-Como alguien que anda junto a un río y tiene
sobre su piel la sombra de los árboles.

Estamos en el año
1932 y Marga
se enamora de Juan Ramón Jiménez.
Es una chica oscura.
Hay un túnel que une
su corazón y el ruido de los bosques.
Un día entra en la casa.
                                     Un día escribe
ya nada me separa de ti, salvo la muerte.
Luego, todo se termina.
Casi podemos verlo: 28 de julio;
el cielo es muy azul;
puede que unas palomas se escapen del jardín
al oírse el disparo.

Ahora los dos estamos en silencio.
Tú miras
la playa,
la marea,
el sol rojo lo mismo que una fuente
en donde un asesino se ha lavado las manos.
Yo pienso en Marga Gil.
                                      Pienso en su miedo
de esa forma en que a veces
ves a un hombre que huele una rosa, imaginas
cómo esa rosa crece hacia dentro de ese hombre,
lo invade poco a poco con su aroma
dulce y enfermo.

Mucho tiempo después
yo entro cada mañana en esa casa,
bajo al desván,
me muevo por los cuartos vacíos,
subo a la torre que veré más tarde,
desde un hotel de Nueva York,
                                                 un día
de lluvia en Buenos Aires,
                                         un verano
en el puerto de Barcelona.

El mundo
es un lugar muy frío.
En el fondo del agua se oye cavar las tumbas.
Hay terrazas sin sueño donde el viento devora
lentamente
los restos de la noche.

Tú y yo lo comprendemos.
Es un viento que viene del mar, un viento frío
que llena el corazón de pequeños arpones
y de niños ahogados.
Es un viento que dice:
-No se puede salir de una casa vacía.
Todo lo que ha ocurrido alguna vez
ocurre para siempre.


Benjamín Prado: Todos nosotros, 1998

viernes, 27 de julio de 2012

Blessed be all metrical rules that forbid automatic responses, force us to have second thoughts, free us from the fetters of Self.
W.H. Auden

Dios bendiga todas las reglas de la métrica que prohíben las respuestas automáticas, nos fuerzan a tener segundos pensamiento, nos liberan de las cadenas del Yo.

jueves, 26 de julio de 2012

Malasaña, Año Cero

(Para la chica de los monigotes)

Cuatro Riojas, un pincho de tortilla, dos cigarrillos, unas croquetas. Suena el teléfono: cambio de sitio, música fuerte, ya tocan copas. Tres Bloody Mary, dos visitas al baño, una al cajero. Más cigarrillos. Llegan los unos, se van los otros, quedan los de siempre. Hablando en broma sobre cosas serias, como siempre. Callando lo de siempre, gritando lo de siempre, bailando como siempre. Escuchando lo justo, como todos, como siempre. El Madrid nocturno. Para siempre.

Pereulok

miércoles, 25 de julio de 2012

Te guste o no
me caes bien por ambas cosas:
lo común me reconforta,
lo distinto me estimula.

Joan Manuel Serrat: "Te guste o no"

martes, 24 de julio de 2012

You're going to need me, baby, one of these cold, rainy days.

James Baldwin: "Sonny's Blues"

Me vas a necesitar, nena, uno de estos días fríos y lluviosos.

lunes, 23 de julio de 2012

El siglo XX se nos va ya de las manos,
Y el mundo es un gran puzzle de rincones infrahumanos.

Javier Álvarez: Piel de Pantera

domingo, 22 de julio de 2012

CUADERNO DEL DOMINGO

Los domingos eran dias de combate de vallas de buena concurrencia, y por cosas así le gustaban las mañanas de domingo. No las tardes, se hacían interminables y vacías después de una siesta y se sentía cansado y todavía soñoliento hasta el anochecer; tampoco las noches, cualquier lugar estaba lleno y el refugio de siempre era la casa del Flaco, pero había algo que hacía densas y tediosas las noches de domingo, no había juego de pelota siquiera y abrazarse a una botella de ron era tortuoso con la amenaza palpable del lunes. Las mañanas no: las mañanas de domingo el barrio amanecía bullicioso y callejero (...). Disfrutaba como ninguno de sus amigos aquel ocio dominguero en el barrio, y después de tomarse un café, salía a comprar el pan y el periódico y generalmente no regresaba hasta la hora tardía del almuerzo dominical.
               Leonardo Padura: "Pasado perfecto"