sábado, 4 de febrero de 2012

Tenía esa mala costumbre de pensar como si estuviera escribiendo, y viceversa, dicho sea de paso.

Julio Cortázar

viernes, 3 de febrero de 2012

Incluso para realizar un esfuerzo cotidiano y habitual, el ser humano precisa de cierta felicidad interior.


Andrei Platónov, "El tercer hijo"

Даже для обыкновенного, несложного труда
человеку необходимо внутреннее счастье.
Андрей Платонов, "Третий Сынь" 

jueves, 2 de febrero de 2012

Se acalló el rumor. Entré en escena.
Apoyándome en el quicio de la puerta,
capto en el lejano eco,
lo que sucederá en mi tiempo.

Boris Pasternak, Hamlet (1946)

Гул затих. Я вышел на подмостки.
Прислонясь к дверному косяку,
Я ловлю в далеком отголоске,
Что случится на моем веку.


Борис Пастернак, Гамлет (1946)


miércoles, 1 de febrero de 2012

Desde el tren

Finales de febrero.
Verdean decididos los trigales,
su más breve belleza
restalla en los almendros, los prunos, los cerezos,
en formación los tímidos olivos
centellean al sol de la mañana,
al borde del camino
destellan florecidas zarzamoras
y aun las parcas encinas
en silencio se nota que sonríen.

El humo azul de un fuego
de podador permite adivinar
algún trabajo humano.

De lo demás, del esplendor brotando
en cada brizna, en cada pétalo,
se ocupan, mano a mano, los cielos
y la tierra.

Jesús Munárriz (San Sebastián, 1940): De lo real y su análisis, 1994

martes, 31 de enero de 2012

Pero demasiado nos conocemos,
para olvidarnos el uno del otro.

Mijail Lermontov: K***

Но слишком знаем мы друг друга,
Чтобы друг друга позабыть.

(Михаил Лермонтов: К ***)

lunes, 30 de enero de 2012

Yo no soy mala, es que me han dibujado así.
Jessica Rabbit

¿Quién engañó a Roger Rabbit" 1988
Director: Robert Zemeckis.
Guión: Jeffrey Price y Peter S Seaman

domingo, 29 de enero de 2012

CUADERNO DEL DOMINGO

  Aquel domingo, después de comer en casa de Alfrida, me dispuse a volver a mi pensión caminando. Calculé que entre la ida y la vuelta había hecho unos quince kilómetros a pie, lo cual debía neutralizar los efectos de lo que había comido. Me sentía atiborrada, no sólo de comida sino de todo lo que había visto y olido en el apartamento. De los muebles excesivos y anticuados. De los silencios de Bill. Del amor de Alfrida, terco como el lodo, inapropiado y sin esperanzas -hasta donde yo veía- en la mera base de la edad.
  Al cabo de haber andado un rato ya no sentía el estómago tan pesado. Juré no comer nada durante veinticuatro horas. Anduve hacia el norte y el oeste, por la ordenada cuadrícula de la pequeña ciudad. Los domingos por la tarde casi no había tráfico salvo en las vías principales. A veces mi ruta coincidía una manzana con la de alguna línea. Veía pasar un autobús con dos o tres pasajeros. Personas que no conocía y que no me conocían a mí. Qué bendición.

Alice Munro: "Los muebles de la familia", en "Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio", 2001.