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sábado, 20 de octubre de 2012

soledad

esta noche te deslizas sobre mí
con tus alas implacables, casi tibias.
invalidas todo aquello que construyo
sobre los infructuosos cimientos de la espera,
y decides abatirme,
silenciosa como una estrella lejana.
tan acostumbrado al estentóreo vértigo
de la ciudad por la que deambulo,
no logro acostumbrarme, en cambio,
al riguroso mutismo de tu voz.
¡cuántas veces te he buscado
para escapar del ruido!, hallando
en tus entrañas curación a mis dudas,
...parece ayer, cuando incauto
me enganchabas a tus serenos cauces.
hoy me punzas el espíritu
con el peso de la ausencia.

esta noche llamas a mi corazón,
y apenas puedo tenerme en pie.
ronda mi mente la nostalgia
de todo lo que nunca llegó a ser,
y en lo profundo de mi otoño
se oyen los ecos, casi olvidados,
de una vida como cualquier otra.
¡el tiempo desgasta los huesos!
el tiempo lo arrolla todo, sin vuelta
de página, con inmutable trayecto,
                                                 ...albor de hojas secas.

la lluvia irrumpe en mi corazón;
languidecen aquellas expectativas
de años pasados, cuando la libertad es púber,
cuando los sueños alcanzan su punto álgido.
esta noche, un abismo de inexorable vacío
oscurece cada sol naciente.
me siento morir un día más.
dialogo con mi memoria
profiriendo remotas palabras,
y en breve espacio, una nube
raya la oscuridad inmediata,
desatándose el viento de la duda.
la revolución muere adentro,
muy honda, en el centro del transcurso
de la apolillada rutina.
cuelvo la vista atrás,
y sentado en el umbral de la desdicha,
sólo encuentro en las cenizas
                                             ...soledad.

Miguel Nieto I.: ecos del corazón en la voz del pensamiento, 1997
(20, octubre, 1996)

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