Mi padre tenía una idea muy peculiar de cómo educar a los hijos,
entretenerse o disfrutar de un domingo. Mientras que para los hijos de
las otras familias la llegada del domingo era esperada con una alegría
inaudita, porque uno podía levantarse tarde, bañarse sin prisas,
permanecer holgazaneando, los domingos eran para todos nosotros y en
casi todas las ocasiones un verdadero suplicio. En todo caso, no siempre
teníamos la predisposición necesaria para lo que podía sucedernos en el
día del Señor.
Antonio Marí: "El vaso de plata", 2008