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domingo, 12 de agosto de 2012

CUADERNO DEL DOMINGO

OTRO DOMINGO
                                Leyendo un libro de Virginia Woolf

 
Y es de nuevo domingo.
Y la tarde envejece,
y tiene un corazón lastimado de nombres,
herido de renuncias,
y un silencio despierto por anónimos pasos,
pulso gris de la casa.
Y estoy sola
                     y leo
un libro:
              alma
que se desnuda,
que dice del recuerdo,
de la vida que pasa,
de los hombres que existen, a pesar de su historia,
de problemas y nimios sucedidos,
de cosas que, sin embargo
ponen su temblor hacia el labio,
                                                    y estoy sola
y quisiera
que el teléfono hablara,
que hablaran los extraños,
que cruzaran imágenes,
las próximas y ausentes.
Imagen,
             compañía,
voces que se entrelazan.

Y es domingo.
Y como siempre es tarde.
Debo negarle al llanto
su alivio de almohada,
su consuelo prohibido
por leyes de esta hora.
Y debo estar en pie,
desviar la mirada,
arrinconando el fácil peligro a la tristeza,
negándome a su astuta
maquinación,
                       su trampa.
Pero ya es de noche. Escribo
-y estoy sola- y el mundo
gime. Existen calles, tráfico,
enamorados, gentes,
                                  las ciudades.
Hay un hombre,
                          otro hombre,
más dolor,
                risas, luces.
Hay crímenes, angustias.
                                         Y chocan
por el aire palabras sin sentido.
Y estoy sola, es domingo.
Un cigarrillo..., otro,
un contener las manos
que descubren, apresan la soledad.

Es la vida. Página densa, en blanco,
colmada,
                rota,
                        sucia de barro;
alucinante,
                  limpia
manantial, casi río.
                               Vida.
Ya no hay tarde. Es domingo,
y escucho
otra vez el silencio.

Elena Martín Vivaldi (1907-98): "Durante este tiempo", 1972.

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