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Leer una entrada al azar

lunes, 27 de febrero de 2012

   Yo ya no quiero leer nada triste. Nada violento, nada inquietante, nada incómodo. No quiero funerales al final, aunque no me importan por el medio. Si hay muertos, que haya resurrecciones, o por los menos un Cielo, para que sepamos a qué atenernos. La depresión y la miseria son para los que tienen menos de veinticinco años, pueden con ello, hasta les gusta, les queda tiempo suficiente. Pero la vida real no es buena para la salud, la tocas con las manos mucho tiempo y te salen granos y se te debilita la mente. Te quedas ciega.
   Yo quiero felicidad garantizada, alegría por todos lados, portadas con fotos de enfermeras o de novias, chicas inteligentes pero no demasiado, con dientes perfectos y mucha energía y con ambos pechos del mismo tamaño y sin exceso de bello facial, alguien de quien te puedas fiar para saber dónde están las vendas y que convierta al héroe, ese libertino o asesino en potencia, en un caballero rural bien vestido, de uñas limpias y vocabulario apropiado. "Siempre", tiene que decir, "eternamente". Quiero que me acaricien entre los ojos, en un solo sentido. 

Margaret Atwood, "Asesinato en la oscuridad"

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