Blanco White abandona el Puerto de Cádiz, en
el barco "Lord Howard", rumbo a Inglaterra
Blancas de cal las casas que en el alba se alejan.
Un tibio sol de invierno va atemperando el aire.
Desde el mar los tejados menos altos y nítidos.
Temo la soledad. Y la melancolía
me invade si contemplo el puerto abandonado
y la ciudad hundiéndose bajo aguas azules.
Si miro al mar veo sólo mi presente inestable,
precario, tornadizo, al igual que las aguas
que el "Lord Howard" remueve y aparta con su quilla
-como el tiempo pasado la espuma se disuelve
mientras el barco sigue seguro su camino-.
Mas levanto mis ojos y un viento ajeno y libre
despeina mis cabellos, acaricia mi cara,
templando mi inquietud ante el vasto horizonte.
Ahora miro adelante. ¿Qué habrá tras esas nubes?
Dejo tierra y afectos. Perdonadme mi odio
y también el amor que sufro por vosotros:
aunque nunca consiga desterraros del alma
habréis de serme extraños. Así, al menos, lo quiero.
No han de volver mis ojos, ni han de volver mis pasos.
Amo la libertad. Y mi amada no es fácil.
Fernando Ortiz: Primera despedida, 1978