sábado, 31 de diciembre de 2011

Rosas de San Silvestre

Hace sesenta años, tal día como hoy,
moría en Salamanca don Miguel de Unamuno.
Fue, dicen, un invierno especialmente extremo,
aunque no tanto como lo fue el del año 37
(Teruel, mal pertrechados, bajo cero)
o el que vino después, febrero y marzo
del año 39, invierno registrado
por la cámara muda del espanto
en gentes que buscaban con desesperación,
descalzas, destruidas, un final
que sólo fue principio de un más atroz sufrir.
Hace un rato tan sólo, sesenta años después
de aquella muerte que ignorabas,
trajiste del jardín un puñado de rosas,
si así pueden llamarse,
pequeñas flores hechas de porcelana,
apenas sin color, casi en capullo,
sin desarrollo apenas de su forma.
Va muriendo la tarde que se azula
como niebla en los ojos de un lactante,
como visión de un muerto
cuyos ojos son ya un lago helado
con gentes que en él van patinando.
Un hilo conductor te trae
desde aquel 36, desde Unamuno,
a estas pequeñas flores. Un camino secreto
que pasa por tu padre, por la guerra,
por la nieve y ventisca del año 39,
por la nieve que ahora se posa en el jardín
sin llegar a cuajar, no menos cruel ni fría,
por la mano de nieve que quiso hacer de tales rosas
mínima celebración de cuanto espera.
Un camino secreto que es como tú mismo,
por donde llegas hoy, tarde de San Silvestre,
hasta esta misma casa, preguntando por ti,
hablándote de cosas ya pasadas,
de muertos, de presagios, de fulgores
sin hilación alguna,
para sentir tal vez tu vida como un copo de nieve
que aun antes de posarse se ha deshecho.

Andrés Trapiello (León, 1953): Inédito en 1998

viernes, 30 de diciembre de 2011

jueves, 29 de diciembre de 2011

También me revela que mi estado tiene un nombre: es una depresión. Así que oficialmente, estoy atravesando una depresión. Me parece una fórmula afortunada. No es que me sienta bajo; es más bien que el mundo a mi alrededor me parece alto.

 Michel Houellebecq (1958): Ampliación del campo de batalla, 1994

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Esta progresiva desaparición de las relaciones humanas plantea ciertos problemas a la novela. ¿Cómo acometer la narración de esas pasiones fogosas, que duran varias años, cuyos efectos se dejan sentir a veces en varias generaciones? Estamos lejos de Cumbres borrascosas, es lo menos que puede decirse. La forma novelesca no está concebida para retratar la indiferencia, ni la nada; habría que inventar una articulación más anodina, más concisa, más taciturna.

 Michel Houellebecq (1958): Ampliación del campo de batalla, 1994

martes, 27 de diciembre de 2011

Aquella falta de piedad era del todo humana. Un rasgo que nos muestra cuán grande es la distancia entre el hombre y el animal.

Varlam Shalamov

lunes, 26 de diciembre de 2011

Sin título

Trabajaba en el borrador de mi novela cuando un cuento la invadió sin previo aviso: ambicioso y voraz, exige fecha, título y un punto final.

Mi novela es frágil; sus párrafos se acortan cada minuto que pasa.

Sus finales se abren más y más.

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Pereulok

domingo, 25 de diciembre de 2011

CUADERNO DEL DOMINGO

Los domingos que llovía eran los días más tristes y aburridos de todos. Después de que Santi y algunos otros niños leían, y otros jugaban a las damas o al parchís y algunas niñas bordaban o escribían cartas, parecía que habían pasado muchas horas y resultaba que aún era muy temprano y que faltaban todavía más de dos horas para ir a cenar.

Luis de Castresana: "El otro árbol de Guernica", 1967.