sábado, 5 de noviembre de 2011

Yo lo recordaba así, y ya se sabe que la memoria es el lugar en el que de veras acontecen los hechos.

Juan Bonilla

viernes, 4 de noviembre de 2011

Tanto proponerse hacer cosas poco comunes para disponer de aventuras que contar en su diario, y al cabo las aventuras valían por sí mismas lo suficiente como para no tener que rebajarse a ser literaturizadas.

Juan Bonilla

jueves, 3 de noviembre de 2011

miércoles, 2 de noviembre de 2011

La patria del hombre es el mundo y, si en mí consistiera, borraría de todos los diccionarios la palabra "extranjero".

Justo Arosemena

martes, 1 de noviembre de 2011

Las primeras lluvias

La tierra de que hablo, hacia noviembre
conoce el viento. Llega, desde el este,
hasta los arenales como un ave sedienta,
sopla las aguas negras. Esta noche
removió los postigos mal calzados
y agitó la palmera. En los cristales
chillaba como un pájaro perdido.

Dibujará en la grava algún signo remoto,
y veré casi al alba las huellas del fragor
sobre los restos del volcán, el naufragio nocturno.
Será un signo de nuestra vida, un eco,
ya inerte, de la tromba del cielo que ignoramos,
querré leer en él, y será como unir,
nuevamente, las hojas resecas para un fuego.

¿Qué nos aguarda, puro, en el estruendo,
en el pico del ave enhebrando los mundos
de cuanto conocemos e ignoramos? Seguimos
recogiendo las hojas, y veremos
en la rama quebrada una imagen posible
del estertor del cielo, anoche, entre las nubes
aún grises a esta hora temblorosa.

Nada, ni tan siquiera el viento que rompía
de madrugada, contra los postigos,
contra la grava, oscuro contra oscuro remoto,
podrá decir el signo, en la ignorancia.
Saber de un no saber, ni siquiera el sentido
de la ignorancia, ahora que las gotas resbalan
sobre el cristal, sobre la transparencia.

Andrés Sánchez Robayna (Las Palmas, 1952): Fuego blanco, 1992

lunes, 31 de octubre de 2011

Hay dos maneras de volver al punto que dejaste a tus espaldas. Una consiste en darse la vuelta. La otra en darle la vuelta al mundo. Yo opté por la segunda, y espero llegar pronto a aquel punto que dejé a mis espaldas, y que me aguarda delante ahora.

Juan Bonilla

domingo, 30 de octubre de 2011

CUADERNO DEL DOMINGO

De joven hice amistad con un compañero de trabajo que los domingos se ponía sombrío a media mañana y seguía así hasta que ingresaba en la cama por la noche. A veces comíamos juntos en un restaurante económico cercano a la oficina, y él siempre se empeñaba en hablar de esta tendencia suya a la tristeza dominical, no tanto porque esperaba de mí una explicación satisfactoria como por buscarla dentro de sí.
       -Yo creo- solía decirme- que no estoy dotado para llenar las horas. Por eso, después del desayuno, cuando veo todo el día por delante, me entra una angustia insoportable. No quiero ni decirte lo que siento en vacaciones como las de Semana Santa, que parecen un domingo estirado.
       (...)
       -Y lo peor- añadía mi amigo- es que cuando las horas pasan tampoco siento un alivio especial, porque las lleno con cosas sin sustancia. Al final del domingo, si miro hacia atrás, veo todo ese tiempo que no he sabido ocupar como Dios manda y siento unos remordimientos de conciencia que me matan. No tengo arreglo. Por mí, me instalaría en un lunes permanente.
       Nunca le dije que a mí me ocurría algo parecido, porque en esa época estaba muy mal visto tener afecto al lunes. Ahora puedo decirlo sin miedo a la censura: el lunes es como una madre. Te recibe con los brazos abiertos, sin reprocharte nada, con cada minuto lleno de sí mismo. Sólo tiene un problema: que se acaba en dirección al martes, donde se inicia de nuevo la pendiente hacia el domingo.

Juan José Millás: Días laborables (Cuerpo y prótesis).