sábado, 6 de agosto de 2011

Perfumada de Armani
la nada es altamente soportable.

Aurora Luque: "Reportaje de moda en Marrakech"

viernes, 5 de agosto de 2011

Hay que ser taza para saber lo espantosos que son esos momentos en los que una sospecha que la van a estrellar contra la pared.

Heinrich Böll

jueves, 4 de agosto de 2011

Todo conocimiento engendra dolor.

Pío Baroja*

* Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia;
y quien añade ciencia, añade dolor (Ec 1:18)

miércoles, 3 de agosto de 2011

Me convertí en otro para poder seguir siendo yo mismo.

Jorge Semprún: La escritura o la vida

martes, 2 de agosto de 2011

Tengo que conseguir mucha madera
tengo que conseguir de donde pueda.
Y cuando mi balsa esté lista partiré hacia la locura
con mi balsa yo me iré a naufragar.

Tanguito: "La Balsa"

lunes, 1 de agosto de 2011

Supervivencia en curso


Como un salmo anterior al sacrificio,
se ha detenido el día
entre el musgo y el oro del boscaje.

Luz de agosto. Transparencia el espacio
que el resplandor devora.
La claridad, al fondo, consume al descender
las últimas señales del verano:
los destellos de cobre,
el aliento de raíces resecas.

¿A qué invocar clemencia?
¿A qué soñar palabras como llaves o espejos,
palabras para entrar en los sueños a ciegas,
espejos donde observas
la azarosa sintaxis de los cuerpos
sin sangre ya, sin vida, apenas huellas
del deseo abolido?

Más allá del sentido,
en el hueco vacío de la danza
se insinúa, al trasluz, lo inesperado.

Escucha entre los pliegues del silencio,
ecos de la memoria,
luz mental más que luz,
como el cuervo afianza su vuelo en la caída
al tiempo que en el polvo la rosa se desnuda.

No hay abismo ni altura: son sinónimos.
Hechizo de palabra sin edad
que el tiempo agonizante nos susurra al oído.

Inmersos en la fuga irreversible,
en sus ruinas grávidas,
es visible aún la vida, subsistiendo.




Manuel Neila (Cáceres, 1950): Las palabras y los días

domingo, 31 de julio de 2011

CUADERNO DEL DOMINGO

Conduciendo por Houston, en ese eterno domingo que parece imperar aquí después de las cinco de la tarde, se tiene la sensación de que una bomba de neutrones ha estallado en alguna parte de la ciudad, una bomba de esas que extermina todo indicio de vida sin afectar a las edificaciones. Una ciudad muerta que se mantiene en pie como un decorado de cartón piedra. La sensación de angustia se extrema en esas largas horas, y el deseo de abandonar la ciudad cuanto antes te asalta de manera violenta. Los mosquitos, enormes, ayudan lo suyo a que la ciudad de los campeones de baloncesto de los Estados Unidos, los toros mecánicos en los bares cuyos suelos han sido tapizados por cáscaras de cacahuetes, los profesores y médicos vestidos de tejanos, y los cuadros desérticos de Cy Twombly, no merezca más que unas instantáneas en nuestro álbum de fotos.

Juan Bonilla: "El eterno domingo de Houston",
en "El arte del yo-yo" (1993-96); ed. en Pre-Textos, 1996