sábado, 2 de julio de 2011

Una sensación que seguramente habrá tenido la mayoría de los jóvenes, cuando al estirar el cuello y mirar al cielo vieron que su cielo se desvanecía.

Douglas Coupland: "Generación X"

viernes, 1 de julio de 2011

La Isla de Kirrin

A Herminia Luque

Los leías después del viaje a la ciudad
sobre la cama, en junio o en julio sobre todo,
echada la persiana que dejaba filtrar
olor de albaricoques y pintura caliente
y una luz laminada verde oscura
sobre las bicicletas y los páramos,
las mochilas, las granjas,
el desayuno inglés, la isla de Jorgina:
historia fabulosa de una infancia
a punto de perderse. Porque una vez leídas
todas las aventuras de los Cinco
supuse que tenía que crecer.
¿De qué sirve ser niña, si luego, en vacaciones
ningún bote te lleva a la isla de Kirrin?
Tal vez ya sospechaba que los libros
podían ser reloj o calendario
exacto y enigmático del cuerpo.

Aurora Luque

jueves, 30 de junio de 2011

Vale más la amistad que el sexo, la templanza que la velocidad, las claves íntimas que el enclave social, un amanecer que el BMW.


Douglas Coupland: "Generación X"

miércoles, 29 de junio de 2011

Lo real y lo imaginario (las trampas mito-lógicas)

Un padre y una madre centauros contemplan a su hijo, que juguetea en una playa mediterránea, El padre se vuelve hacia la madre y le pregunta: ¿debemos decirle que solamente es un mito?

Kostas Axelos

martes, 28 de junio de 2011

El cortés

Una tarde, Kafka me visitó, y atravesó impensadamente una pieza donde estaba recostado mi padre. Éste se despertó, y Kafka murmuró al pasar:
- Le ruego, considéreme un sueño.

Max Brod

lunes, 27 de junio de 2011

Que los labios recuerden otros labios.
Hay hielo y fuego en ellos. Hay tinieblas y hay luz
Todo el mundo contienen, impregnado
de aroma de naranjas y de nieve.

Evgueni Evtuchenko: La memoria del cuerpo

domingo, 26 de junio de 2011

CUADERNO DEL DOMINGO

LAS CERILLAS

Las cajas de cerillas con el nombre del bar le trajo muchos recuerdos de domingos muertos. Encendió la última y vio un adiós de cenizas y olvidos en un cementerio. Lo único vivo que le quedaban eran unas imágenes adosadas a su memoria. El ritual de la despedida después del café y la conversación apresurada; el frío y la humedad del invierno, o el calor del verano. Los instantes ahora desdibujados por el tiempo que nunca pudieron imaginar fueran a morir abandonados en un cenicero meses después, cuando las buenas intenciones bastaban para borrar cualquier augurio de derrota o fracaso.

Ceferino Montañés Sánchez, en la Antología "Quince líneas. Relatos hiperbreves", 1998